Un referéndum democrático en Suiza ha deparado un resultado contrario a la democracia. Una ajustada mayoría ha determinado que se limite en el país la libre circulación de ciudadanos extranjeros. La respuesta de la Unión Europea no se ha hecho esperar: la libertad de movimientos es sagrada y se revisarán los acuerdos con Suiza.

Dos reflexiones. La primera es que no concibo una democracia en la que exista la posibilidad de elegir una opción no democrática. Si esto ocurre, como ha ocurrido, es que hay un problema de base, entre social y humano, del que alguien es culpable. Y la segunda es que la UE mide la xenofobia y el racismo con una doble vara, además de que falta a la verdad porque el régimen fiscal de Suiza es tan extraordinariamente positivo para las grandes fortunas de los países integrantes de Europa que apuesto sobre seguro a que su “queja” es sólo de cara a la galería. Europa no hará nada contra Suiza, del mismo modo que los máximos dirigentes hablan y hablan de valores, y algunos de sus funcionarios hacen informes completos y sesudos (que no sirven de nada, salvo para informarnos de las cosas) pero quien puede no hace nada para evitar ciertas cosas.

La exaltada postura de Bruselas respecto a Suiza contrasta con las palabras pequeñas y actos nulos para que se supriman de una vez las vallas (que son muros, tal cual lo era el muro de Berlín) de Ceuta y Melilla, cuya frontera se ha convertido de nuevo en un pozo de muerte para los africanos que ven en nuestro país y en Europa el lugar en el cual cumplir sus sueños (o huir de sus pesadillas). Los subsaharianos que se juegan la vida intentando entrar en Europa a través de esa bien protegida frontera son tan dignos como los alemanes que deciden irse a vivir a Suiza, pero da la sensación de que estos últimos son un poco más válidos para algunos…

En estos días, el paso fronterizo entre Marruecos y España, es decir, entre África y Europa, se ha convertido en un síntoma –otra vez, porque no es la primera, como tampoco lo fue Lampedusa- de las enfermedades morales y sociales que afectan a la sociedad. Hasta el momento, 14 inmigrantes han fallecido en el intento que han realizado estos días, sin que Bruselas diga nada medianamente tan ruidoso como lo que han dicho con Suiza. Cierto es que hace unas semanas, algunos dirigente dijeron que las concertinas –es decir, las navajas hechas y concebidas para hacer daño y herir- de las vallas eran moralmente condenables pero que se ajustaba a ley lo que se hace para proteger la frontera. Y en las últimas horas, he oído cómo un mandatario español decía que las ONG tenían que preocuparse también de los tres heridos españoles que se han producido en los enfrentamientos en la frontera. Lo que hay que escuchar… Y es que resulta que las ONG, además de denunciar devoluciones sumarísimas y de denunciar el uso de armas contra los subsaharianos, han dado a conocer una filmación en la que se ve a una lancha de la Guardia Civil acercarse a dos inmigrantes que están intentado acceder a nado a España pero, lejos de ayudarles, sus tripulantes arrastran a los africanos hasta sacarlos de aguas españolas para llevarlos a aguas marroquíes y quitarse el “problema” de en medio.

No sé qué opinará Bruselas de esto, pero sé lo que opinará cualquier persona de bien y no creo que sea ni siquiera necesario explicarlo. Que la xenofobia es racismo. Que no hay diferencia. Y que el racista no sólo está equivocado, sino que debe ser reprendido, y después educado y culturizado. Eso sí es democracia; no lo es darle la posibilidad de demostrar, ni siquiera votando, que odia a los semejantes, que los teme y que sus prejuicios son lamentables y vomitivos. En una democracia sana nadie se plantearía votar sí o no a la gente de fuera, sea de donde sea. Pero vivimos en un estado social que parece tan enfermo como para que pasen las cosas que pasen y no nos echemos la mano a la cabeza por el resultado de Suiza o por lo que pasa en las fronteras de África con Europa. Una cosa y otra es la misma… menos para la Unión Europea, que parece ver con mejores ojos a un inmigrante europeo que a un inmigrante africano. Y eso también es racismo.