Bruno Cardeñosa, en los estudios de Onda Cero.

Bruno Cardeñosa, en los estudios de Onda Cero.

Con motivo de la publicación del libro Autopista del Misterio (Libros Cúpula, 2013), uno de los grandes compañeros de profesión, y también amigo, de Bruno Cardeñosa le entrevista. El autor, Manuel Carballal, uno de sus mejores amigos, cree que es una de las entrevistas más íntimas que le han hecho. Esta es la conversación completa….

 

 

 

 

Manuel Carballal: Nacido en Galicia, zaragozano de adopción, establecido en Madrid… Director de una revista de historia, locutor de radio, escritor de éxito, periodista, ufólogo, comunista… ¿Cómo te etiquetamos?
Bruno Cardeñosa: Como ateo, rojo y masón. Así me definiste tú, ¿no? Esa que pusiste son etiquetas que me gustan aunque no se corresponden a la realidad: ni soy ateo, ni soy rojo, ni soy masón, pero me gustó porque creo que responden a alguna razón y significaban ciertas cosas que no me disgustan.  Aunque debe ser la gente quien me las ponga, creo que no debemos meternos en barrotes, y a veces, las etiquetas son cárceles. Soy buscador, inquieto, inconformista, rebelde, escéptico, soñador… Si me pusiera etiquetas, me colgaría una que dijera algo así como: «Un hombre feliz con su infelicidad».

¿Recuerdas cual fue en momento en que leíste la palabra OVNI por primera vez, o en el que decidiste que tu vida estaría vinculada a los fenómenos anómalos?
No recuerdo el primer momento que leí la palabra, pero sí cuando la oí por primera vez y me marcó. No sé qué edad tenía, pero era una conversación de adultos en la que uno de ellos hablaba a mi familia de algo que le había ocurrido cuando iba en coche a Torremolinos, en Málaga. Un extraño artefacto persiguió su coche. Aquel relato me impresionó y se quedó grabado en mis recuerdos para siempre. 

¿Y el primer libro que leíste sobre estos temas?
La punta del Iceberg, de Benítez. Fue regalo de reyes en 1986. Lo deveré tres o cuatro veces en nada de tiempo. Me embriagó el tema y, sobre todo, la forma de relatarlo. Y me puse a soñar en un futuro haciendo lo mismo. Fue determinante para lo que quería hacer. Y de momento el sueño sigue siendo sueño, aunque en algún aspecto se ha cumplido.

¿Qué recuerdo tienes de Pascual Vázquez Arracó?
Maravilloso. Fue la primera persona que entrevisté. Me acuerdo del día, la hora, la fecha… No tengo que buscarla: a las 12:00 de la mañana del 12 de septiembre de 1987. Era ya un anciano sobre el que la prensa había hablado bastante en los años setenta del pasado siglo, pues decía que tenía contactos con otros mundos y que había vivido experiencias inexplicable. Tras esa entrevista vino otra y otra y otra, tantas que dejó de ser un entrevistado para ser “mi abuelo”. Ya no me interesaban sus experiencias ni la realidad de lo que contaba, porque aquel hombre me adoptó y quiso muchísimo, fue mi consejero, mi guía, mi amigo… Creo que no hay día que no me acuerde de él. No es casualidad que este nuevo libro empiece con la recomendación que me dio en aquella primera entrevista: «Escribe todo lo que veas, todo lo que te digan y todo lo que sientas». Es como si ya supiera a qué me iba a dedicar. No hay día que no piense en él. Yo no te estaría respondiendo a estas preguntas si él no hubiese existido.

¿Cual fue el primer artículo que publicaste en una revista comercial, y tu sensación al verlo impreso por primera vez?
A veces pienso que los recuerdos muy vívidos son una cadena que arrastramos… pero ojalá todos los recuerdos fueran como el de esa mañana en la que abrí el buzón y me encontré con la revista Karma-7. Me enviaba el director porque allí aparecía publicado un reportaje a cuatro páginas que yo mismo había escrito. Fue un sueño hecho realidad. Era agosto de 1988. ¡Y me pagaron 10.000 pesetas por aquel reportaje! Que un muchacho de aquella edad publicara en una revista profesional era una anomalía, pero fue real.

IV Dimensión, en Radio Heraldo… fue tu primer contacto con la radio ¿no?
Si. Fue también en ese año, en 1988. Era un programa de radio que en la Zaragoza de aquellas fechas tenía un impacto enorme. Por mi cuenta y riesgo mandaba cosas al programa, infinidad de datos, ideas, textos… Y sin saber cómo me encontré en los estudios una vez y otra, hasta que pasé a formar parte del equipo de colaboradores. Después, el primer programa que creé, escribía y presentaba era La otra orilla, en Radio MAI de Zaragoza. Era una radio pirata, en la que yo era presentador y técnico. Se emitía en un piso que estaba situado en la “margen izquierda” del Ebro. De ahí el nombre de la emisora. Al tiempo, seguía colaborando en IV Dimensión, pero después inicié otros caminos.

«La vida es una autopista repleta de salidas a carreteras secundarias. Vuelvo al camino original, a la autopista del misterio pero… volveré a salir». 

Zaragoza, a mediados de los noventa, se convirtió en un campo de batalla.  Miguel Angel Sabadell se había hecho director de LAR y la delegación aragonesa de ARP asumió mucho poder. En aquel momento tú comenzabas a destacar en la divulgación nacional y supongo que por eso te pusieron en el punto de mira. Desde entonces los pseudo-escépticos han estado obsesionados contigo…
Es bueno convertirse en la razón de vida de otras personas. Creo que es una de las mejores cosas que podemos hacer por los otros: dar sentido a su existencia. Pero, respecto a tu cuestión, efectivamente, esos años fueron muy agitados en la Zaragoza de entonces, a ese y a todos los niveles. Con los años he dejado de preocuparte por ellos, algo que no se puede decir al revés, pero tengo una maleta tan grande de ocupaciones y preocupaciones… 

¿Qué ha sido peor, el pseudo-escéptico fanático o el creyente fanático?
Son lo mismo. Cualquier idea debe defenderse, con energía, con rotundidad. La neutralidad suele esconder cobardía, o peor aún, puede significar medir aquello que se  dice para gustar y agradar a quien te escucha, pero cierto tipo de fanatismo es peligroso. Y los dos casos que me señalas, lo son. No es cosa de ser peor o mejor, si no de ser peligroso o no.

Tras pasar un año en Bilbao te estableces en un pequeño, austero y sobrio apartamento en Madrid, sin televisión ni casi electrodomésticos, para iniciar, de cero, una nueva vida lejos de Zaragoza. ¿Cómo fue el cambio a la capital?
Cuando llegué a Madrid alquilé una habitación en un piso en el barrio de Aluche. No podía aspirar a más. Los reportajes no daban suficientes ingresos, pero como ser humano crecí muchísimo en aquel tiempo y las cosas no fueron del todo mal y pude “independizarme” e irme a vivir sólo a esa mansión que has recordado. Allí fue espectacularmente feliz, pese a ser una infravivienda, pero me sirvió como demostración de lo que era capaz de hacer si trabajaba y creía en lo que hacía. Aún así, creo que es importante decir que soy hijo de Zaragoza, de una época muy concreta en la que esta ciudad, que es la que sigue apareciendo como mi residencia en el DNI. Como otras veces he dicho, soy gallego de nacimiento, zaragozano de vocación y adopción, y madrileño por obligación.

Pero en 1997 llega Mundo Misterioso, y te pones por primera vez a los mandos de un programa de radio nacional. ¿Cómo recuerdas aquellos dos años en Radio Voz?
Han pasado más de 15 años… Y todavía no he encontrado a nadie que no diga que fue el mejor programa de radio de misterio que se ha realizado. Es casi un mito y una demostración de cómo dos personas, es decir, tú y yo, hijos de su madre y padre cada uno, con una forma de ver el mundo que puede ser diferente, pueden remar en la misma dirección, con los mismos sueños y las mismas ambiciones, además de que pueden ser muy, muy amigos. Hicimos un programa cojonudo. Lo sabes bien. Fue una época preciosa. Aprendí mucho y forjé la que creo que es ahora mismo mi personalidad radiofónica. Logramos, en una emisora que entonces era la quinta cadena nacional, hacer un programa que triunfara en audiencia y, sobre todo, en fidelidad.

¿Cuál sería el programa que te gustaría haber hecho y que no hicimos?
La lista es infinita. Por suerte, un programa de radio está pegado a lo que ocurre en el día a día, pero creo que lo que hicimos, que fueron 200, que se dice pronto, expusieron una miscelánea amplia de todas estas temáticas. Quizá me hubiera gustado profundizar más en los poderes de la mente, porque las investigaciones en aquel entonces no dieron el salto cualitativo que se dio después, pero también tocamos el asunto. No se puede hacer nunca todo, pero de todo lo que se hizo quedé satisfecho. 

Aunque anteriormente América Ibérica te había editado 50 años de OVNIs, en 1998 se publica tu primer libro con distribución en librerías nacionales Los archivos secretos del Ejército del Aire. Prologado, con mucho cariño, por Sierra, Guijarro y un servidor. ¿Recuerdas la sensación cuando te llegó la primera caja de ejemplares?
Todavía la estoy esperando… Pero los tiempos, por fortuna, han cambiado. Fue mi primer libro en el que se percibe investigación, estudio, trabajo de campo… Hoy, cuando lo veo, quedo satisfecho con el trabajo realizado y con ese prólogo en el que se juntaban quienes eran mis grandes amigos por entonces y a quienes se nos asociaba mucho. Se puede leer frases en esos prólogos que, para mi, están enmarcadas en oro. Fue una época muy intensa a todos los niveles, que echaría más de menos si el presente no fuera tan intenso pero fue una época gloriosa.

En aquellos años empezaste a trabajar como redactor de Más Allá y luego como redactor-jefe… ¿Qué pasó con Javier Sierra? Nunca volvisteis a hablaros…
Es una historia larga y dolorosa, pero hay corrección y deseo por mi parte de que siga triunfando y le siga yendo estupendamente.

Mundo Misterioso desaparece en 1999 y justo después Juan Antonio Cebrián te recluta para La Rosa de los Vientos, ¿no?
Al día siguiente. Para mí Juan Antonio era un lince. Sabía cazar con balas que daban vida. Recuerdo aún que cuando dejamos el programa emitimos la canción My Way de Frank Sinatra, que es la que para mí marca el final de una época y la utilizo como un mantra personal. Apenas me dio tiempo de  echarme a dormir cuando al día siguiente él me llamó por teléfono. Creo que lo dejamos en el momento adecuado y nos permitió abrirnos a otras cosas y otros mundos. Había estado con Juan Antonio muchas veces en su anterior programa y estaba empezando una nueva aventura en Onda Cero, La rosa de los vientos. Él me ofreció subirme. Y todavía hoy sigo ahí.

«Cuando unos te critican por una cosa, y otros lo hacen por todo lo contrario, es que estás en el camino adecuado».

De todos los que vivimos a tu lado la llamada “Tercera Generación” de ufólogos, Juan José Benítez siempre sintió una especial debilidad por ti. ¿Cómo ha sido tu relación con Benitez todos estos años?
Mi buzón de correos está muy unido a las cosas que he vivido. En este caso recuerdo cómo cuando leí uno de sus libros le escribí una carta a la editorial Planeta. Y semanas después, tenía su respuesta en mi buzón. Amable y cariñosa. Que un dios como él era para mi respondiera… Tras esa carta llegó otra y otra. Así fue siempre él conmigo. Recuerdo perfectamente el día de febrero de 1989 que conocí a Benítez. Fue en la puerta de un hotel en Zaragoza. Venía a dar una coferencia. Tenía fama, por entonces, de que no acudía a dar las conferencias a las que se comprometía, pero con los años he vivido lo que él ha vivido: que la gente te invita sin preguntar y luego te dice dónde estás. Aquel encuentro fue fascinante y casi podría recomponerlo minuto a minuto. Recuerdo que cuando entré con él en la sala de conferencias, el público rompió a aplaudir. Creo que él sintió una sintonía especial con aquel muchacho, por la forma que tenía de pensar entonces y por cómo veía estas temáticas. Me ayudó mucho más de lo que él puede creer. Yo no sería quien soy si no llegar a ser por él.

¿Y después de tantos años, tantos libros y tantos testigos…? ¿Compartes su criterio? ¿Qué son, según tu, los OVNIs?
En algunas cosas sí, y en otras no. Lógicamente, las personas y la reflexión que hacemos sobre los hechos que investigamos pueden ser parecidas pero nunca iguales. Hasta la fecha, nadie me ha podido demotrar que no sea un fenómeno real, tecnológico e inteligente, y esa inteligencia no se mueve por nuestros parámetros. Hay casos que es imposible que no se puedan deber a ello. Ahora bien, creo que hay algo detrás que se nos sigue escapando, algo que tiene mucho que ver con nosotros, con nuestra historia, nuestras creencias… El fenómeno es un inmenso teatro, con actores y espectadores, pero es una obra en la que los espectadores no son pasivos. Lo que nos queda por saber es quién es el director y cual es el mensaje e intención que tiene. Es como si el fenómeno estuviera detrás del espejo que tenemos enfrente.  

En 2001 se produce, en mi opinión, un giro importante en tu trayectoria. Publicas El Código Secreto, un tocho de más de 400 páginas sobre antropología y evolución que nos sorprendió a todos. Dejabas de tratar en exclusividad el fenómeno OVNI para adentrarte en la divulgación científica e histórica…
Quizá por eso se titula así mi muevo libro: Autopista al Misterio. Mi trayectoria es la de un viajero por la vida, que sigue un camino, pero hay tantas carreteras secundarias que no pienso dejar de cotillear en ellas, pese a que sé muy bien cuál es mi camino. Ese libro  que citas, que forma parte de mi media docena de trabajos que ya no se pueden encontrar, lo escribí tras muchos años documentándome sobre el pasado del ser humano y sobre las piezas que formaban nuestra existencia. Siempre he sentido, y sigo sintiendo, que faltan eslabones en la cadena y sobre ello iba aquel libro, que por cierto… tenía más páginas y en letra pequeña. Es la única vez en mi vida que me levanté a las cinco de la mañana para escribir. No lo volveré a repetir, pero por entonces fue necesario y creo que la luz que tiene la mente al amanecer no existe en ningún otro momento. Por eso me gusta tanto la noche, a todos los niveles.

Sin embargo, una de las lindezas de que te han acusado es de abominar de la ciencia…
La cantidad de tonterías que he podido leer… Creo que cuando unos te critican por eso, y otros lo hacen por todo lo contrario, es que estás en el camino adecuado.

Y en 2003 otro salto importante. 11-S: Historia de una infamia. Fue el primero de una serie de libros sobre geopolítica, manipulación social y conspiraciones que han marcado definitivamente tu trayectoria desde entonces…
Fue el inicio de otra carretera secundaria, que hoy en día es casi la vía de servicio de mi autopista. Va en parelelo. Siempre he sido una persona que se interesa por el mundo en el que vive, y los acontecimientos del 11-S marcaron y marcan casi todo lo que ocurre. Con casi toda seguridad, es el suceso más transformador de la historia que ha vivido nuestra generación y descubrí, pocos meses después de que tuviera lugar, que existían una serie de incongruecias en la versión oficial que apuntaban a que la víctima quizá también era el verdugo. Lo que me encontré en esa investigación fue, sencillamente, asombroso. Desde entonces he dudado de todo, de cualquier versión oficial y de casi todo lo que nos digan desde sus púlpitos quienes nos mandan y gobiernan. Tras ese libro vino una media docena más que escribí en esa vía de servicio, desde la cual pienso escribir muchos más aunque incomoden a muchos y hacienda me persiga. 

El 20 de octubre de 2007, por desgracia, es otra fecha que marca un cambio en tu vida. Juan Antonio Cebrián fallece, y Onda Cero te escoge a ti, y no a otros colaboradores del programa, para continuar a los mandos de La Rosa de los Vientos… Supongo que fueron días de vértigo. Pero, ¿cómo era tu relación con Juan Antonio?
Fue una sustitución natural, porque era la persona que hacía el programa cuando Juan Antonio no estaba. No es que se tratara de una competencia entre varios, ni que hubiera otros candidatos, sino de una situación que la cadena condujo perfectamente y con la normalidad que se podía permitir dentro de una situación tan terrible como aquella. A Juan Antonio lo quería y apreciaba mil veces más de lo que algunos dicen al arrimarse a su recuerdo. Había un respeto entre ambos extraordinario y sublime, además de un cariño y complicidad superlativo. Recuerdo sus llamadas, casi cada tarde, para hablar de lo divino y lo humano, y de la radio, del programa, de mil cosas que hablábamos, recuerdo su talante y su seguridad, recuerdo muchas cosas y todas buenas.   

A veces leo los hirientes, brutales y feroces comentarios que dejan en las redes sociales los nostálgicos de Cebrián, casi acusándote a ti de su muerte. Imagino que ha tenido que ser una tortura ser comparado constantemente con Juan Antonio durante estos años…
Si te dijera que sí, que ha sido una tortura, quien está todo el día con esa cantinela, se armaría de fuerza e insistirá en decir tonterías, pero si te dijera que no, entonces mentiría. El primero que no hacía comparaciones y que tenía una total confianza en mi y tranquilidad total cuando yo hacía el programa fue él. Nadie puede esperar ni desear, y él mismo me insistía en ello cuando en verano o navidad me tocaba presentar el programa, es que sea una copia suya. Las personas somos maravillosamente distintas y desde el primer día el encargo de la empresa, a la que estoy inmensamente agredecido por su apoyo y cariño, fue claro, respecto a que yo debía darle mi propio estilo al programa. Es imposible gustar a todos, del mismo modo que habrá gente que antes no le gustaba y ahora sí.  Afortunadamente, La rosa de los vientos ha seguido viva, triunfando y siendo una referencia. Ese es mi mayor valor y carta de presentación.

«Me gustaría estar mucho en la autopista siguiendo las pistas sobre las que dejo escritas notas en mi cuarderno de campo».

Esto es un tema delicado. No me respondas si no quieres, pero considero que cientos de miles de rosaventeros se lo han preguntado mil veces… ¿Cuándo empezó a mermarse la tertulia de las cuatro Cs… y por qué? ¿Te arrepientes de algo?
No creo que nunca se haya mermado. Es una de las referencias del programa y sigue siendo una de las partes más escuchadas. Estoy feliz de cómo está quedando ahora. Creo que la actual temporada es la mejor de cuantas ha habido hasta ahora. Lógicamente, las cosas cambian y se modifican. Es una ley de vida, además de que pasa en todos los programas de radio del mundo: las personas entran y salen, y nada es estático. No hay problema en ello. Además, que las cosas permanezcan quietas provoca eso: estancarse. En el caso de Carlos Canales, él se iba a ir antes de lo que lo hizo, porque tenía otras cuestiones profesionales y personales que atender. Él mismo se lo había comentado a Juan Antonio y sólo puedo estarle agradecido por haber estado en el programa más tiempo del previsto. Respecto a Jesús Callejo, él mismo fue quien dijo que tenía otros caminos profesionales a los que debía dedicarse y que no eran compatibles, además de que además quería dirigir un programa y evidentemente no podía ser aquí. ¿Arrepentirme de algo? De lo único que me arrepentiento es de lo que no he hecho, pero afortunadamente creo que me queda aún vida por delante para hacer esas cosas. ¿Me tengo que arrepentir de que el programa, durante más de seis años, se haya mantenido con una salud envidiable, una audiencia fantástica y unos resultados estupendos? A veces parece que algunos piensan que debo arrepentirme de eso.

Esta es difícil. ¿Y si tuvieses el poder para crear una mesa de tertulia, con cuatro personajes de la historia, vivos o muertos, reales o no… incluso aunque su nombre no empezase por C…?
Cualquier persona que exista o haya existido tiene algo que contar, así que pongamos a todos juntos… Pero bueno, ciñéndonos a la petición, no estaría mal que se pudieran juntar Schopenhauer, Freud, Jung y Fromm. Y que entre todos, intentaran respondernos a cuestiones relacionadas con nuestro compartamiento. Que nos explicaran por qué los humanos somos esclavos de unas pautas determinadas y tan injustos con el resto de personas que no son tocadas por la misma fortuna que nosotros, por qué creemos que lo que tenemos es fruto de una suerte de triunfo sobre el resto… Muchas preguntas a las que creo que los cuatro podrían respondernos, aunque tendrían mejor crítica si no supiéramos quiénes son. En los tiempos en los que estamos parece pecado pensar por uno mismo. Cuando muestras la cara, antes o después, te la parten. Ellos explicarían muy bien las razones.  

Tras tu amarga experiencia en Más Allá, y casi al mismo tiempo que heredas la dirección de La Rosa de los Vientos, te proponen dirigir una revista de historia “convencional”. Supongo que te dio un poco de vértigo al principio…
Todo pasó en menos de dos meses, pero no tuve sensación de vértigo, porque si la tienes… te caes. Tuve una sensación de responsabilidad y de hacer las cosas como sé: con trabajo, esfuerzo, dedicación, ganas, ilusión, etc. Dirigir Historia de Iberia Vieja está siendo algo estupendo. Ya van seis años y la revista se está convirtiendo en una referencia a muchos niveles, además sobreviviendo con muy buena salud en una época de doble crisis: la esconómica y la digital. Creo que quien decide apoyarnos e invertir, porque para mi eso es comprar una revista, un apoyo y un impulso, disfruta de la lectura y del alimento en forma de textos que le damos. Evidentemente, los años que estuve entre Más Allá y Enigmas, las redacciones en las que viví durante una década, fueron una escuela, en la que aprendí lo bueno y malo, formándome una forma de hacer un producto.

En 2011 publicas, si no me equivoco, el primer libro sobre Wikileaks escrito en España: W de Wikileaks. Desde el principio fuiste un apasionado defensor de Assange. Con la perspectiva de cómo ha evolucionado el caso, ¿lo sigues siendo?
Y lo sigo siendo. Creo que representa un arquetipo muy necesario en nuestro tiempo. La rebeldía, la verdad, la búsqueda de transparencia, el atrevimiento. Hay una frase del propio Assange que resumen perfectamente la labor que hace y que otros intentamos llevar a cabo: «Es imposible corregir abusos a no ser que sepamos que están sucediendo». Es sencillo, pero resulta dificil de llevar a cabo.  La propia evolución del caso demuestra que Assange era incómodo al poder. La verdad y el atrevimiento a informar es algo que incomoda a quienes quieren seguir viviendo en esta parodia de libertad.

¿Y merece la pena? Assange no está encerrado en una prisión, pero casi. ¿El derecho a la información lo justifica todo?
Es que lo que no tendría que existir es la necesidad de luchar por la libertad de información. Es que casi resulta ridículo tener que justificar que esa libertad deba existir. La situación en la que está Assange es incluso de mejor gravedad que la que tienen el soldado Manning, que le facilitó el acceso a muchas de estas informaciones, y Edward Snowden, que es el ex agente de la NSA a quien se le debe conocer todo lo que hemos conocido en los últimos meses sobre cómo se nos controla e espía a todos. Es terrible pensar que los tres han tenido que hipotecar su vida y su libertad por el mero hecho de defendernos a todos. Creo que les debemos mucho. No es justo que tengan que sufrir lo que están pasando. Claro que no merece la pena, pero sólo cuando salimos un poco de la caverna podemos ver algo de realidad. Ellos nos han ayudado. Y defenderlos es una obligación de todos.

Esa pasión por Assange, es la misma que mantienes por casi todo. Y precisamente esta es una de las cosas que más te reprochan los nostálgicos de Cebrián. Juan Antonio mantenía La Rosa de los Vientos en un tono más diplomático, objetivo, sin tomar partido. Tú constantemente manifiestas tus opiniones personales y tomas partido en casi todos los asuntos. ¿Merece la pena?
Claro que merece la pena. Las personas no somos estatuas. Él tampoco lo era, para nada. Él tomaba partido, como debe ser. Y yo lo hago también, aunque por supuesto lo hago con criterio. Evidentemente, hay cosas que decía él que yo no comparto y otras que sí, pero no se puede culpar a nadie por no pensar exactamente lo mismo. Faltaría más. ¿Acaso tú piensas igual que yo? Nadie es igual a nadie.

Dirigiendo una revista de historia y uno de los programas de radio más legendarios del país, escribiendo libros, artículos, impartiendo conferencias… Supongo que ya no te queda mucho tiempo para calzarte las botas y recorrer los caminos, grabadora y cuaderno de campo en mano, como aquel joven que se pateaba los pueblos de Aragón hace más de 20 años.  ¿Lo echas de menos?
Lo hacía hace menos tiempo… Y cuando puedo, aún lo hago. Este libro es un intento de mostrar las muchas cosas que en mis correrías he hecho. Algunas que no entraron en el libro las contaré en esta web. Pero, y eso no lo podemos negar, nuestra generación trabajó y luchó tanto, creyó tanto en lo que hacía… que a veces hemos sido víctimas del éxito. Dirigir una revista y un programa de radio tiene cosas estupendas, y gracias a ello puedo comer hoy y mañana, pero también lleva a que sea difícil hacer todo lo que quisiera. Ojalá este libro sea un éxito porque me gustaría estar mucho en la autopista siguiendo las pistas sobre las que dejo escritas notas en mi cuarderno de campo. Creo que aún soy joven…

¿Y dentro de otros 20 años? ¿Dónde te ves?
Espero que en el mismo sitio. Mi lucha ya no es por crecer, sino por mantener la misma estatura. Y es muy difícil. He cambiado de enemigos y los de ahora son más voraces y peligrosos, pero ya no soy el inocentón que era. Tenía razón Ramón y Cajal: «¿No tienes enemigos? ¿Es que acaso no dijiste nunca la verdad o amaste la justicia?». Dentro de 20 años creo que comprobaré que tenía incluso más razón de la que creo que tiene ahora, pero seguiré en esta autopista, aunque a veces tenga que taparme mucho las narices. Es lo que hay, pero es fascinante.

TEST:

En una frase… que te sugiere:

-Juan José Benítez: uno de los pocos mitos que al conocerlo se agrandan.

-Radio: un medio de expresión y de llegar a la gente como no existe ningún otro.

-Julian Assange: un libertario… pero de esos que no pudren la palabra libertad.

-Redacción: una cárcel necesaria en donde puedes dar forma a tus sueños

-Juan Antonio Cebrián: mi amigo y un hombre que creyó en mi… aunque a algunos les moleste.

-Testigo: las personas cuyos testimonios son el pilar de todo lo que construimos después

-Fernando Jiménez del Oso: otro mito que no se cayó

-OVNI: todo

-Historia: todo al cuadrado.

-Iker Jiménez: una persona con la que compartí sueños en la segunda juventud, pero la vida nos llevó por caminos distintos… Espero encontrarlo de nuevo en la cuarta.

-Saramago: escribir como los ángeles es el camino a la inmortalidad.

-Marxismo: ¡No soy marxista! Pero al igual que Marx no pienso arrepentirme por soñar con un mundo más libre, igualitario y justo.

Un lema

«Se rien de mi porque soy diferente, pero no saben que me río de todos ellos porque son exactamente iguales», Kurt Cobain.